El baño principal de la Residencia Puerto de Hierro fue concebido como un espacio de contemplación y bienestar, donde la arquitectura interior establece un diálogo constante con la luz natural y el paisaje exterior. El proyecto parte de una premisa esencial: crear un santuario cotidiano de atmósfera serena, líneas limpias y materiales nobles, elevando la experiencia diaria a un ritual de calma y confort.
La propuesta se construye a partir de una composición sobria y sofisticada, en la que los volúmenes, las texturas y la iluminación se equilibran cuidadosamente. La paleta de acabados integra mármol blanco con vetas grises suaves, madera natural de veta vertical en tonos cálidos y cristal estriado con perfilería negra, generando una lectura elegante y atemporal.
Los lavabos de placa corrida con mueble suspendido aportan continuidad visual y ligereza al conjunto, mientras que los espejos retroiluminados amplifican la sensación de amplitud, orden y pulcritud. El área de regadera se resuelve mediante cancelería de aluminio negro mate y muros recubiertos con piedra natural en tonos grises, incorporando textura y un contraste sutil dentro del espacio. El mobiliario empotrado en madera permite un almacenamiento discreto y funcional, manteniendo una estética limpia y organizada.
La iluminación desempeña un papel protagónico en el diseño. Se integran luminarias colgantes decorativas en vidrio soplado con trazos de luz indirecta LED de tonalidad cálida, que enfatizan los volúmenes arquitectónicos sin invadir el ambiente. Apliques lineales sobre los espejos complementan la iluminación funcional y refuerzan la experiencia sensorial del espacio.
Las piezas decorativas orgánicas, como orquídeas blancas y jarrones cerámicos en tonos neutros, aportan equilibrio, sutileza y vida al conjunto sin romper la armonía del diseño.